Han pasado ya 11 años de la foto en que el señor David Spiggel, ingeniero de origen galés y propietario de la empresa Spiggel & Theis, se desplazó desde Alemania hasta Murcia para comprobar errores en la técnica del balón de Bielefeld, en la que era mi segundo tratamiento con balón de la trompa de Eustaquio.

Ser pionero de una técnica conlleva siempre múltiples adaptaciones y aprendizajes, aunque ya sabemos que los méritos se los llevan las «eminencias», tal y como ha ocurrido a lo largo de la historia de España.

En mi innata inocencia, le desvelé todos los secretos al respecto de la técnica, protocolo de tratamiento y las innecesarias pruebas que se recomendaban preoperatoriamente.

Así fue como «murió» el balón de Bielefeld y nació el nuevo sistema tubavent.

En Alemania, un equipo de otorrinos liderados por el doctor Holger Sudhoff, desarrolló un sistema denominado con el nombre de la localidad donde se encontraban, llamada Bielefeld, en 2009.

Inmediatamente acumularon cientos de pacientes, sobre todo buceadores, y se prepararon para exportar el sistema a otros países.

Al haber realizado mi tesis doctoral sobre el buceo y la cámara hiperbárica, me puse en contacto con la empresa que iba a distribuir el producto y allá que me dispuse a probarlo. En España y mas aún en Cartagena, era auténtica ciencia ficción, y no os podéis imaginar la burla que sufrí por parte de mis colegas de profesión.

Los alemanes son ingenieros como ninguno. Lo llevan en la sangre. De tal manera, desarrollaron un sistema que incluía la óptica y el canal para insercción del balón en un mismo dispositivo.

Los problemas que presentaba eran varios:

  1. Cuando contactaba con la mucosa del ostium tubárico, no podías saber si el balón se encontraba dentro o fuera.
  2. No era flexible el sistema, con lo que no se adaptaba a diferentes anatomías.
  3. El balón era treméndamente frágil al roce, no a la presión de 10 ATA, lo que producía numerosos pinchazos.

Aparte, había que pedir un escáner previo de la trompa para ver si la carótida interna estaba muy cerca (cosa que no servía para nada, pues sin contraste no se visualizan los vasos) y el procedimiento se realizaba bajo anestesia general.

Tras comentarle las sugerencias a David de forma altruista, el sistema y la técnica se modificaron, utilizando una óptica independiente y mejorando los ángulos con distintos insertadores de un solo uso.

Pues a nadie le interesó en mis alrededores y hasta tengo una carta de la sociedad española de otorrinolaringología, que me denegaba la posibilidad de impartir un curso de instrucción para otorrinos por considerarla una técnica que no aportaba nada. Y eso que tenía más casos acumulados que nadie.

Dónde no te quieren, es mejor alejarte y decidí probar otros sistemas que iban incorporándose, como eran Entellus (estadounidense) y Navilloon-e (coreano).

No voy a decir cuál es mejor porque no quiero hacer publicidad.

De esta manera, actualmente me encuentro en una situación en la que todos los pacientes que consultan, son de otras comunidades y precisamente con diagnósticos erróneos de tubaritis crónica obstructiva o trompa patulosa. Sin un diagnóstico correcto, no puede existir un tratamiento de éxito.

Así que, como dice mi suegra: «no avives giles» y actualmente es lo que hago sumisamente.

El que quiera aprender, que vaya a… o mejor, que no vaya a …

 

Nota: quiero dar las gracias a las personas que me han acompañado en este viaje, como son Daniel Miguelez, Mari Ángeles Alemany y Luis de Andrés (de suministros hospitalarios) a Javier Laorga y Antonio Ramos ( de Prim) y por último, a Miguel Ferreira, quién colaboraba entonces con Prim, ayudándoles con dos nuevos sistemas de implante.

 

Félix Díaz Caparrós
Doctor en Medicina y Cirugía
Especialista en otorrinolaringología
Médico estético