La rinoplastia desde mi experiencia personal.

Ya sabemos que la nariz es un elemento muy llamativo dentro de nuestro rostro.

Desde que nacemos, ya empiezan a resonar los comentarios acerca de la nariz, si se parece a la del padre o a la de la madre.

Durante los primeros años de vida, salvo alguna excepción o traumatismo, las narices se encuentran dentro de un rango de normalidad hasta las edades en que comienza la adolescencia.

Es en ese momento cuando empieza un crecimiento de los cartílagos mas significativo y en muchas ocasiones, comienza el cambio en el dorso nasal.´

Con la adolescencia aparece el acné y la nariz comienza a cambiar. Algunas veces, a peor.

¡Qué rabia!, justo cuando empiezan las hormonas a fluir y empezamos a socializar más.

En el colegio es el lugar donde más se practica el acoso moral y no es casualidad que a las chicas y chicos con narices significativas, se les regale un mote bastante desagradable: narizota, narigudo, tocha, gonso, etc…

En la adolescencia comienzan a fluir los primeros pensamientos de cambio en la nariz.

Para el tratamiento quirúrgico mediante rinoplastia, se debe esperar a una edad comprendida entre los 16 y 18 años.

El sexo femenino es el que más se atreve a elegir la intervención de manera más temprana, puesto que en el hombre y según las culturas, una nariz grande puede no estar tan mal.

La mayor parte de las personas comienzan a hacer una vida en pareja y asumen que ya no hace falta hacer nada pues “no tienen que buscar a nadie más”, pero en el interior de sus cabezas siempre ronda la idea de cambiar la nariz. Unos se levantan la punta nasal delante del espejo, otro se ponen gafas para disimular la jiba, otros no quieren ponerse de perfil, etc…

Todo lo que relato me pasó a mí por la cabeza.

Tras finalizar la carrera y aprobar el exámen M.I.R. , no podía imaginarme que iba a elegir la especialidad de otorrinolaringología. Los criterios para la elección de la misma fueron dos: que era una especialidad médico-quirúrgica con campos muy variados y que había una plaza disponible en mi ciudad.

Las intervenciones nasales, las septoplastias y rinoplastias son bastantes difíciles de entender para un residente, pues en el campo quirúrgico solamente puede ver bien el cirujano que está operando, con lo que tienes que asomarte por encima de los hombros para poder ver algo, si es que el cirujano te deja ver.

La rinoplastia es una intervención muy compleja, yo diría de las más complejas, pues requiere de un conocimiento espacial y mecánico sobre una estructura cambiante, que hace que no sea apta para todo el que decide practicarla.

Siendo residente de otorrino, me habían ofrecido operarme en mi hospital, pero viendo los resultados de las mismas, dije obviamente que NO me operaba.

Las intervenciones de rinoplastias en la medicina pública suponen un campo de aprendizaje muy importante para el cirujano sin apenas responsabilidades, pero en la medicina privada la situación es bastante diferente.

Años más tarde se incorporaron a la práctica los cirujanos maxilo-faciales, “devorando” el terreno de los otorrinos y cirujanos plásticos y haciendo caso a un famoso otorrino de Palma de Mallorca en una ponencia, decidí potenciar todas las facetas de nuestra especialidad: “la cara y el cuello no los conoce nadie mejor que nosotros los otorrino”.

Poco después se organizó un congreso en Ciudad Real a cargo del servicio de maxilo-facial, en el que participaban cirujanos plásticos (del nivel de Ortiz Monasterio), maxili-faciales y otorrinos.

Ese congreso me mostró que existe una forma de hacer la rinoplastia completamente diferente, más precisa y con resultados espectaculares.

Además, como otorrino, contaba con toda mi experiencia en el interior de la nariz y de las fosas nasales.

Lo tenía todo.

Y así es como me fui perfeccionando en las técnicas de rinoplastia a lo largo del tiempo.

Al tener una experiencia de tantos años, se me ocurrió la idea de poder someterme a una rinoplastia y así poder contar la experiencia.

Conocía a varios cirujanos de primer nivel en España, con los que había compartido quirófano en alguna ocasión. Y decidí por intervenirme con el que estuviera a una distancia por carretera de no más de 5 horas.

Y así es como acabé operándome en Madrid el 14 de Junio.

Yo tenía una tranquilidad absoluta porque sabía en manos de quién me ponía.

La anestesia fue espectacular, sin enterarme.

Por supuesto, tras la cirugía no llevé taponamiento alguno, aunque tengo que decir, que estuve respirando por la boca durante las primeras semanas, debido al proceso inflamatorio interno.

La intervención de rinoplastia NO duele y NO tuve derrames hemáticos perioculares, especialmente por la técnica empleada que fueron los ultrasonidos.

La nariz no la sientes durante las primeras semanas. Es como si tuvieras un trozo de cartón pegado. Progresivamente vas recuperando la sensibilidad.

Si tuviera que poner algún pero al resultado, sería la reducción de la capacidad ventilatoria de la válvula nasal, pues para reducir el ancho de la punta, era necesario la modificación de la válvula nasal.

Quizá la distancia haya sido también un obstáculo, que ha hecho más difíciles las revisiones postoperatorias.

Pero en todo caso, me alegra muchísimo mi elección y si tuviera que volver a hacerlo, no lo dudaría.

Una intervención de tres horas que mereció la pena.

Desde mi experiencia personal, os animo a elegir el cambio de vuestra nariz, si es que no os gusta, ya que la vida es muy corta y los miedos hacen que con el tiempo nos arrepintamos.

Muchas personas se quedan en el “casi” como dice la canción de Melendi.

Es cierto que hoy en día contamos con unas técnicas no quirúrgicas como es la rinomodelación, que son francamente maravillosas, pero NO todas las narices pueden corregirse sin cirugía.

Así que mi consejo es: elige bien al cirujano y que la operación sea cercana al lugar dónde vives.

¡Y a por todas!…..

 

Félix Díaz Caparrós

 

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