Después de 7 años ejerciendo la medicina estética, me gustaría poder contaros mi experiencia personal.

Como muchos sabéis, yo me formé como especialista en otorrinolaringología en Cartagena, obteniendo la especialidad en Enero de 1996. La especialidad de otorrinolaringología es apasionante, debido a su diversidad de campos  (nariz, garganta y oídos) y por la proyección tan importante que tiene, como es en el caso de la sordera en una población cada vez más envejecida.

Siempre me ha gustado la innovación y desde bien pronto comencé a ejercer la práctica privada de la misma.

Era una frustración para mí no poder dar a mis pacientes de la seguridad social los mismos tratamientos que ofrecía en la privada. El porqué, será motivo de otro artículo.

Así que los clientes, cuando acudían a mi consulta, muchas veces me preguntaban: “Doctor, ¿usted tiene un láser?». Y yo le respondía, «claro que sí. Tengo un láser de CO2». Ellos me preguntaban de nuevo: «¿pero depila?»

Y así, una y otra vez.

Éste hecho me hizo ver que existía una preocupación muy grande por la estética facial y corporal, así que me adentré en este terreno y decidí comprarme un equipo de depilación mediante luz intensa pulsada (IPL), que finalmente resultó bastante decepcionante por su limitada vida. Al poco tiempo se averió y no se hizo nadie responsable.

De tal forma, decidí formarme seriamente en el campo de la medicina estética y fue por ello que me hice socio de la SEME (Sociedad Española de Medicina Estética), lo que me brindó la posibilidad de realizar muchísimos cursos monográficos y de poder adentrarme en este mundo tan maravilloso como es la medicina estética.

La primera sorpresa fue descubrir que existían muchísimos compañeros que llevaban años trabajando en este campo. Hablo de varios miles.

Y yo que venía del mundo de la “ciencia” me preguntaba: ¿qué base científica tienen los tratamientos que se hacen?

Pues el nivel científico de la medicina estética se ha disparado de forma exponencial actualmente, siendo España un referente a nivel mundial.

Así fue cuando comencé a conocer las mejores marcas de productos a través de talleres, cursos y congresos, con una innovación continua. También empecé a conocer a compañeros especialistas que se habían introducido de lleno es el campo de la medicina estética, como internistas, reumatólogos, etc… De hecho, en un congreso de Otorrinolaringología en Mallorca, allá por el año 2010, ya se reivindicaba el papel de protagonista que tiene el especialista ORL en las áreas de cara y cuello, dentro del campo de la medicina estética.

¿A caso existe una especialidad que conozca mejor la anatomía facial y cervical que la otorrinolaringología?

Así pues, me dispuse a adquirir los mejores equipos de tecnología láser, radiofrecuencia, plasma, etc. y fui capaz de poder conciliar las dos especialidades en mi día a día.

Conforme más conocimientos  iba adquiriendo, más aplicaciones encontraba en el campo de la Otorrinolaringología.

De hecho, he cerrado perforaciones timpánicas sin cirugía mediante medicina regenerativa, he tratado la trompa patulosa mediante inyecciones de ácido hialurónico o ácido poliláctico, he tratado problemas en la voz con toxina botulínica o con rellenos de cuerda vocal, he tratado los problemas obstructivos de cornetes con sustancias esclerosantes y así, un sinfín de aplicaciones, que ayudan a todos nuestros pacientes.

Pero llegados a éste punto, uno tiene que hacer un examen y valorar todos estos años de trabajo. Muchas son las críticas recibidas, tanto por parte del público en general como por parte de los propios compañeros de hospital.

Hay que poner en una balanza el sacrificio que supone el asistir a tantas formaciones y el estar estudiando todos y cada uno de los días, dejando un poco al margen a la familia.

¿Es la medicina estética una frivolidad? ¿Es realmente medicina?

Pues señoras y señores, les tengo que decir un “NO” y un  “SI” con mayúsculas respectivamente.

Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) la definición de salud es la siguiente: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades»

Por lo tanto, viendo la cara de felicidad de mis pacientes, los resultados obtenidos, el poder ayudarles a combatir el envejecimiento y los defectos físicos que les acomplejan, solamente me queda decir: «GRACIAS»

Vamos encaminados a superar los 100 años de vida en muy poco tiempo. Esta situación nos conduce a un nuevo reto: nuestro cuerpo y nuestra mente tienen que estar preparados para poder hacer que esos años merezca la pena vivirlos en perfecta armonía.

¿Cuáles son los motivos por los que las personas deciden hacerse tratamientos de medicina estética?

El motivo más frecuente es el que le ocurre a muchísimas mujeres con edades comprendidas entre los 45 y 60 años. Mujeres que se han entregado plenamente a sus familias y trabajos y que nunca se han dedicado tiempo para ellas mismas. Llega un momento en sus vidas en que ven las marcas del paso del tiempo y quieren sentirse bien. Comienzan a quererse a sí mismas.

Existen otros clientes que consultan para mejorar defectos físicos que no les gustan, como puede ser la nariz, las orejas, la boca, etc. Pueden ser genéticos o causados por una cirugía o tratamiento como pueden ser los oncológicos. Se trata de una oportunidad de mejorar y que contribuye a estar mejor preparados para el mercado laboral y los retos de imagen que marca nuestra sociedad.

Hoy en día, la sorpresa más grande la ha dado el hombre. Afortunadamente está cambiando su forma de valorar su aspecto físico y quiere cuidarse. Quiere una mejor calidad de la piel y menos arrugas.

¿La Medicina Estética entra en contraposición hacia las personas creyentes, que piensan que lo único importante es su espiritualidad?

Para nada. El concepto de belleza se encarna tanto en lo material como en lo espiritualidad. Independiente de la creencia que tenga la persona, ¿acaso no es mejor cuidar nuestro “traje”, aunque sea pasajero?”.

El cuidado del cuerpo y del alma van unidos y son indisolubles. Tenemos la obligación de cuidar nuestro “envoltorio” terrenal.

Por todas estas razones, aprovecho la ocasión para dar las gracias a los pacientes, doctores y laboratorios por haberme brindado esta oportunidad tan maravillosa de conocer esta preciosa disciplina. Gracias por poder seguir formándome cada día.

Mientras me queden fuerzas, yo seguiré ayudando a mis pacientes, sean sordos, porque no tengan voz, ya sea por problemas respiratorios o porque simplemente, quieran cuidarse y envejecer dignamente.

Doy las gracias especialmente a mi mujer, Ana Laura, por entenderme y respetarme. Por no juzgarme. Sin Ella no hubiera sido posible.

Gracias a mis Padres por haberme ofrecido la educación más valiosa, que no es otra que la educación en el amor y el respeto.

 

 

 

Félix Díaz Caparrós

Doctor en Medicina y Cirugía sobresaliente cum laude

Especialista en Otorrinolaringología

Médico enamorado de la Medicina Estética